༄ AGUA Y RENACIMIENTO 

La terapia acuática es una experiencia sanadora donde masaje, estiramientos, respiración, danza y meditación se combinan en una sesión donde recibes todos los beneficios sanadores del agua.

Tu simplemente te relajas y respiras lenta y profundamente, cierras los ojos, dejas que te cuerpo flote en el agua y descanse en mis brazos, fluyendo a través de los movimientos y las sensaciones, deshaciendo bloqueos y tensiones, disfrutando un estado de no-mente, perdiendo la noción espacio-tiempo, confiando y soltando el control, volviendo a la quietud y el silencio, abriendo tu corazón y conectando con tu esencia. Conciencia. Amor. La sesión puede suceder en el mar, río o piscina. Cada sesión es única como tu eres único-a así que el tiempo que pasaremos en el agua dependerá de ti.

Somos agua y el ser humano ama el agua desde tiempos ancestrales.

El agua es sagrada, es el principio de la vida.
Hoy las propiedades curativas del agua son conocidas, reconocidas y utilizadas internacionalmente por centros médicos y de salud. Dentro del agua la gravedad desaparece y esto posibilita una verdadera relajación para nuestros huesos, articulaciones y músculos. En agua caliente la relajación y la desaparición del dolor es aún mayor en las fibras musculares y tejidos. La hidratación y regeneración de nuestras células y órganos es otro regalo del agua que purifica nuestro cuerpo externa e internamente. El agua nos conecta también con nuestro campo emocional, las energías femeninas del universo y nuestro propio lado femenino. La liberación emocional puede suceder acompañada por una posterior sensación de libertad y paz interior. La sanación de traumas del pasado y miedos relacionados con el agua y el parto es otra posibilidad que la terapia ofrece.

Pero esto no es todo, hay más beneficios muy especiales. En nuestra memoria permanece la experiencia de existir y crecer durante los primeros nueve meses de nuestra vida en el útero materno, en un entorno líquido. En el útero somos pura presencia, puro amor, estamos flotando en esa unión simbiótica con nuestra mama y con la existencia, no existe todavía la mente ni el ego, ni la sensación de separación o soledad, allí somos uno con el todo. El agua nos regresa a ese estado de pura conciencia y amor. El cuerpo se relaja, la respiración fluye, el ruido y la actividad mental se detiene, el corazón se abre, y entonces estamos en meditación. Somos meditación.

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